Economía y Derecho en tiempos revueltos

Economistas y Abogados

Análisis y razonamientos de economistas, abogados y expertos sectoriales sobre asuntos que afectan al mundo empresarial en un escenario alterado por la crisis

Información, poder, sexo y dinero, las armas secretas de las sectas para manipularnos

Carlos Sentís Meijide, periodista

 

Todos tenemos carencias que pueden ser empleadas en nuestra contra. Todos sufrimos inseguridades, problemas laborales, familiares, económicos o de salud que son cada vez más evidentes gracias a internet, las redes sociales, el big data y la nueva economía de la información en la que gana quien posea más datos y tenga la capacidad para explotarlos en su propio beneficio.

 

Cada día dejamos nuestro rastro en las búsquedas que realizamos, las páginas en las que nos registramos, los lugares que visitamos e, incluso, las conversaciones que mantenemos y en cada una de nuestras acciones. Pero, mientras las grandes empresas tecnológicas y las marcas que dirigen su publicidad con mayor precisión a segmentos específicos atraen todas las miradas, hay líderes de otras organizaciones que aprovechan esa información para lograr poder, sexo y dinero.

 

Las sectas, organizaciones lideradas por personas capaces de impulsar suicidios en masa de 900 personas, de asesinar, robar, extorsionar, secuestrar y violar a sus víctimas, continúan su expansión en la nueva era digital enmascaradas detrás de perfiles falsos, movimientos sociales, grupos de intereses, gurús, actividades autoayuda, foros de salud, espacios de búsqueda de pareja, juegos, ideologías y filosofías alternativas.

 

Con líderes indiscutibles que abusan de sus seguidores con manipulación, extorsión y coacción de libertad, las sectas están mucho más presentes de lo que pensamos, y somos, ahora más que nunca, vulnerables a sus técnicas de captación. La eterna aspiración e impuesta obligación de ser más felices, más atractivos, más ricos, viajar más y cuidarnos más nos hace estar sujetos a inseguridades que escalan por la publicidad y el falso espejo de la realidad que son las redes sociales en las que todos muestran su mejor versión y en las que se hostiga a los más débiles con acosos permanentes y odio destructivo que aumenta la sensación de indefensión y la necesidad de encontrar algo que pueda salvarnos.

 

Y no, los adeptos no son tontos ni sufren trastornos psicológicos, es más, según diferentes estudios, los adeptos son personas con altos niveles de inteligencia que cuentan con una gran “flexibilidad intelectual” con la que juegan las sectas para hacerte una marioneta mediante adoctrinamiento en una espiral de la que para muchos resulta imposible escapar y que lleva a los seguidores de estos grupos a donar la práctica totalidad de sus sueldos, realizar ayunas prolongadas, trabajar en la captación de nuevas víctimas, torturar y violar.

 

Delitos, muchos de ellos, muy graves, que, sin embargo, no llegan a la justicia en muchas ocasiones porque muchos no creen que existan, porque son objeto de burlas por su vinculación con el misticismo o porque se considera que todo lo que rodea a estos grupos son personas dementes que tienen un problema psicológico más que un problema legal. Y el hecho de que no haya un código legal específico que permita luchar contra este problema da aún más libertad a los líderes de las sectas que ahora tienen también de su parte, además del escepticismo, el poder de internet a su disposición, y la falta de atención que se pone en este tipo de actividad delictiva.

 

Según el profesor de estudios religiosos de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Wuhan, Fang Yong, existen numerosas falacias que llevan a un malentendido social y legal sobre las sectas, que les dan espacio para poder proliferar y seguir generando efectos nocivos en las sociedades en las que se implantan.

 

Los líderes e impulsores de las sectas “propagan falacias para el lavado de cerebro de sus víctimas con motivaciones ocultas que suelen estar vinculadas con el poder, el sexo y el dinero ”. Una de las técnicas que emplean es la de exigir la confesión de sus víctimas, ya sea online o en persona, para poder conocer sus secretos y poder extorsionarles después amenazándoles con difundir esta información a sus familiares o incluso a la policía.

 

La ambición política, el narcisismo o el odio a la sociedad de los líderes son la base de cultos que son presentados como remedios y curas para enfermedad y problemas mediante la búsqueda de la fé y la espiritualidad exigiendo lealtad, imponiendo prácticas violentas y amenazando con consecuencias devastadoras si no se satisface la voluntad de los líderes.

 

Según el profesor, los cultos sectarios utilizan la ciencia y la tecnología en su favor, llegando incluso a estudiar el empleo de armas químicas y biológicas, o veneno, algo que se ha empleado en suicidios colectivos en el pasado, por lo que la tecnología no solo es un medio de expansión y de captación sino también un precursor de acciones de terrorismo y extremismo.

 

Otro de los malentendidos muy extendidos según este experto es el de que hay ciertos tipos de personas que están destinados a ser captados por sectas por su personalidad o inclinaciones biológicas.

 

Asegura que cualquier persona, cuando pierde su capacidad crítica y de juicio, puede convertirse en una víctima de una secta, ya que todos somos maleables y cambiamos enormemente según nuestro estado y a lo largo de la vida. Ante un determinado tipo de estímulo todos podríamos ser manipulados gracias a nuestros propios miedos o aspiraciones. Todos somos vulnerables. “Debemos tener cuidado”, concluye.

 

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