e-Renovarse o morir…

Silvia Leal

Blog de Silvia Leal, Doctora en Sociología, experta en innovación y nuevas tecnologías. Asesora de la Comisión Europea para la Agenda Digital (competencias, e-liderazgo y emprendimiento). Colabora con el IE Business School, el Human Age Institute y el Programa Emprende (Canal 24h y la 1). Autora de Ingenio y Pasión & e-Renovarse o morir (LID Editorial).

Demos tiempo al tiempo…

El historiador griego Mestrio Plutarco (46 d. C.-120 d. C.) mencio­nó en varias de sus obras la presencia de esqueletos automá­ticos durante los banquetes. Eran los encargados de servir los alimentos para recordar a los comensales la velocidad a la que pasa la vida.

 

Para quienes tengan dudas sobre la dosis de realidad detrás de algo así debo añadir que esta lúgubre costumbre fue mencionada igualmente por otros escritores de la época. Es el caso, por ejemplo, del poeta romano Ovidio (43 a. C.-17 d. C.) en su libro Fastos y el político romano Tito Petronio (14 d. C.-65 d. C.) en el Satiricón.

 

El tiempo es un elemento escaso, limitado y limitante. Es un recurso inelástico, perecedero, no-almacenable y no-intercambiable. Es el re­curso más valioso que tenemos, al menos para muchos de nosotros. Desafortunadamente, es también una de las principales causas de an­siedad y estrés en la vida. Esto ha llevado a que el tiempo y su gestión hayan sido temas de enorme interés desde la antigüedad.

 

El tiempo, propio y de los demás, es un elemento esencial en la gestión directiva. Cuando no se dispone de tiempo suficiente surge el estrés, elemento que al principio activa pero que con el tiempo se hace crónico, agota y desmotiva. Peter Drucker es el autor de una frase que lo resume muy bien: «el tiempo es el recurso más escaso que existe y si no se ges­tiona bien nada estará bien gestionado».

 

Por todo ello, un buen líder deberá empezar por asegurarse de gestionar su propio tiempo con eficiencia. Más en concreto, necesitará asegurarse de dedicar su tiempo a tareas que aporten valor. Esto requiere el abandono del estilo directivo basado en las órdenes y la supervisión, para dar paso al liderazgo ejemplar que demandan los nuevos tiempos. Aquellos que lo consigan serán más eficaces y eficientes, pero además verán mejorada de forma sustancial su calidad de vida (menos estrés y más ocio).

 

No existe consenso respecto a cómo debe gestionarse el tiempo de un equipo. Por ello, son muchos los que acuden a elementos propios de disciplinas como la gestión de proyectos para hacerlo. Siguiendo esta línea, utilizan los plazos y la presión temporal para alcanzar los obje­tivos establecidos. Esto puede ser de mucha ayuda en determinados momentos, pero también puede paralizar. Si los plazos nos desbordan y nos llevan a pensar que no conseguiremos alcanzar un objetivo, ¿cesaremos en nuestros intentos? Es muy proba­ble que tarde o temprano lo hagamos. Como mínimo nos sentiremos tentados a hacerlo. Por ello, es necesario aprender a manejarlos con inteligencia, para que se conviertan en un desafío, no en la amenaza de una sanción.

 

Y dicho todo esto, yo me pregunto: ¿Cuánto tiempo hay que dedicar realmente al disfrute y cuanto a trabajar? ¿Cómo se puede alcanzar el equilibrio rentable entre el rendimiento del rol tradicional (las tareas del día a día) y el desarrollo personal? Difícil dilema sin una respuesta universal sobre lo que mi recomendación será que durante estas fiestas lo cuidemos, pero que también cuidemos el de los demás. Muchas familias y nuestros propios cuerpos nos los agradecerán…

 

 

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