MUNDO ASEGURADOR

Jose Andrés Mayo

Blog de Jose Andrés Mayo, actuario y Director de Gestión de Riesgos y Control Interno de Premaat, sobre la actualidad del sector asegurador, con el objetivo de darle más visibilidad en una lucha desigual con la banca

¿Control interno o autocontrol?

Sabéis que cada 3-4 artículos, toca uno ladrillo, pues es éste, el que completa la serie numérica, cual test psicotécnico de mis inicios laborales. Avisados estáis. La buena noticia es que va a ser más corto de lo habitual.

 
Si una persona te dice que tiene control interno, piensas inmediatamente que tendrá un gran autocontrol, término que está definido por la capacidad de ejercer dominio sobre uno mismo. Y se presupone que esa capacidad es la que nos permite afrontar cada momento, con mayor serenidad y eficacia. Esta definición que parece sacada de la publicidad de un gabinete psicológico, si lo trasladamos a nuestras compañías de seguros, es lo mismo.

 
Para este “post”, tengo la ventaja de poder hablar como responsable de control interno (y de riesgos), así que, utilizando el símil anterior, si como entidad logramos alcanzar un alto grado de autocontrol para dominar nuestras acciones (en personas sería también extensible a pensamientos), será beneficioso para todo el entorno (empresa, accionistas, clientes y empleados).

 
El problema que habitualmente se detecta sobre el control interno, es que, en lugar de verse como una oportunidad para las empresas de mejorar su gestión, se ve como una burocracia, como una mayor carga de trabajo para cumplir con el departamento de riesgos, de auditoria interna, de auditoria externa y el Supervisor. Y sino, que levante la mano aquel que en su entidad el control interno no funciona por obligación, sino por devoción o porque se crea en él. Veo pocas manos. Es por tanto este concepto lo primero que habría que intentar cambiar, pero fácil no es.

 
Voy a intentar que se recupere un poco la confianza. Si una empresa cree en su sistema de control interno, internamente va a ser capaz de anticiparse a los riesgos, a detectar los peligros. Pero vamos a verlo desde otro punto de vista, no desde el clásico conservador que todos ya os lo sabéis. Si pensamos que, en lugar de suponer una retirada, de mostrar tu aversión al riesgo, que lo será en el porcentaje más alto de las ocasiones, habrá en otras que será lo contrario, que lo que puede significar es asumir los riesgos que los competidores no quieren. Es decir, te da la posibilidad de elegir: cuando te interese, reducir impactos y en las ocasiones excepcionales, asumir y ser diferente. Y externamente, se traducirá en una visión más positiva para los participantes y espectadores, es decir, asegurados, accionistas y Supervisor. Mayor control, es mayor confianza. Pero para esto hay que conocerse muy bien y solo puede ser mediante una mayor implicación de todas las áreas.

 
El control interno parte de un mapa de riesgos que identifica riesgos y establece controles, existiendo un impacto y probabilidad antes y después de la mitigación del mismo. Esta sería la definición más breve que se me ha ocurrido. Y la clasificación de riesgos, por ser actuales podríamos utilizar la de los diferentes submódulos del Pilar I, añadiendo el riesgo estratégico y reputacional. ¿Fácil no?

 
¿Y cuál pensáis que es el que más le preocupa a las Direcciones de las aseguradoras (realmente de cualquier compañía)? La respuesta creo que la hubierais acertado 9 de cada 10, ya que según una reciente encuesta de Aon, de mayor a menor influencia tendría el siguiente orden: daños a la marca/reputación, desaceleración económica/lenta recuperación, incremento de la competitividad, cambios normativos y regulatorios, ciber riesgos, falta de innovación/satisfacción de las necesidades de los clientes, falta de capacidad para atraer y retener el talento, interrupción del negocio, riesgo/incertidumbre política y responsabilidad frente a terceros.

 
Como conocéis prácticamente la totalidad de los riesgos enumerados y prometí no alargarme, voy a hacer únicamente una pequeña mención al riesgo reputacional, el cual realmente no es un riesgo aislado, ya que se añade a riesgos iniciales que no se han sabido manejar, como pueden ser riesgos tan diferentes como el de corrupción o el medioambiental. Y, por el contrario, puede jugar a su favor con importantes políticas de sostenibilidad o responsabilidad social corporativa. No hay que caer en el error de focalizar este riesgo únicamente a campañas publicitarias o redes sociales.

 
Para terminar, comentar que, según un estudio de la Universidad de Columbia, los niños que durante su infancia habían mostrado un mayor autocontrol, en su edad adulta, eran más responsables, más aptos para el aprendizaje, para manejar las frustraciones y también más hábiles socialmente. Sin embargo, los más impacientes y carentes de ese “control interno”, mostraron, años más tarde, que tenían una menor autoestima, menor capacidad para concentrarse, para manejar el estrés o la frustración, y una mayor tendencia al enfrentamiento, entre otras dificultades sociales. Sé que no es lo mismo, pero se parece, y aquellas empresas que tengan mejores sistemas de control interno, que les sirva para “conocerse mejor”, tendrán ventaja competitiva porque desde fuera así serán percibidas. El control interno es, por tanto, un camino seguro hacia el éxito, apostemos por él entre todos.

 

Qué tengáis un buen puente todos los que vivís en Madrid capital y el resto un fin de semana estupendo que el 20 de mayo está al caer, y luego todo se verá con más optimismo.

 

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