Soy digital

Ana Gamazo

Blog de la periodista de la Agencia EFE experta en tecnologías de la información y la comunicación Ana Gamazo.

¿Cómo se regula la innovación?

Si reunimos en una mesa a emprendedores de aplicaciones de movilidad y un representante de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia en un acto moderado por Adigital y al que asisten representantes del sector del taxi, la única conclusión posible es que la innovación va muy deprisa y que regular las nuevas figuras de la economía es muy complicado.

En este tipo de encuentros se palpa el éxito de la promoción del emprendimiento: hay muchas ideas, buena soluciones para conseguir un tráfico más eficiente, un uso racional del coche con fórmulas para compartirlo y, sobretodo, se ven respuestas a los problemas de contaminación de las ciudades debido al uso del coche.

Sí, la economía colaborativa funciona y a los ciudadanos no nos deja indiferentes y abrazamos en muchas ocasiones las posibilidades que permiten ahorros importantes.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia está estudiando estas nuevas figuras y muy pronto publicará un informe pero lo que ya está demostrando es que no permitirá a las Administraciones Públicas dictar regulaciones que protejan a sectores como el del taxi y restrinjan la competencia.

Mientras los representantes del sector del taxi, uno de los más afectados por estas innovaciones, piden reglas claras para prever el futuro, los emprendedores quieren hablar de innovación de nuevas fórmulas y es muy difícil llegar a un punto de encuentro.

Emilio Dominguez, abogado de la Federación Española del Taxi, defiende que muchas de estas aplicaciones de movilidad lo que traen son “mini miniJob”, autoempleos precarios y precisamente esta preocupación que podría calificarse de “interesada” por parte del taxi la he vuelto a escuchar de boca del CEO de la empresa de seguridad de Telefónica ElevenPaths, Chema Alonso.

El señalaba el peligro de terminar con los sistemas de protección de los trabajadores europeos mediante estas fórmulas en las que particulares trabajan a tiempo parcial sin ningún tipo de cobertura.

La fórmula que se está viendo en muchas aplicaciones de transporte no es nueva, es la de los repartidores de pizzas de toda la vida, pero ahora afectan a sectores de empleo “estables”.

Los taxistas señalan que no es problema de tarifas pero lo cierto es que muchas veces es más caro ir a un aeropuerto en taxi que el billete de avión a un país europeo.

Además los taxistas utilizan las licencias como libreta de ahorros ya que mediante contratos privados las venden cuando dejan de trabajar por precios superiores a los cien mil euros, algo a lo que no están dispuestos a ceder pero que es muy difícil recoger en una regulación de la transición hacia la liberalización del sector.

Si las fórmulas de economía colaborativa tuvieran éxito, el sector de la automoción sería otro de los sectores afectados ya que los usuarios comprarían menos coches y, al ser para compartir, posiblemente más baratos.

El problema es cómo regular nuevos negocios que siguen evolucionando, cómo defender los derechos de los trabajadores y de los consumidores, aplicar impuestos, en una palabra incorporar las nuevas figuras a la economía de un país.

Mención aparte merece un mundo tan sensible como el de las finanzas en el que se están introduciendo nuevas fromulaas con rapidez produciendo por un lado beneficios como el crowdfunding para los pequeños proyectos o problemas como los microcréditos a altísimos tipos de interés. Los nuevos actores de banca por internet o las monedas virtuales suponen retos muy complicados para el regulador.

La economía colaborativa que afecta también a otros sectores como el turismo o la educación, es sólo una pequeña parte de la revolución que viene y si estas nuevas empresas son complicadas de regular mucho más lo será lo que nos trae el Internet de las cosas dentro del mundo de las ciudades, industria, hogares o coche conectado que hará mayor el reto de combatir el cibercrimen y la ciberseguridad y creará una nueva moralidad en torno a la privacidad de las personas.

La nueva sociedad digital exige nuevas reglas, muchas de las cuales deberían negociarse en el ámbito internacional. Estamos en un momento en el que hay muchas preguntas y casi ninguna respuesta y en el que hay que pensar en reglas abiertas que puedan irse adaptando a las circunstancias.

La revolución digital nos está transformando de arriba a abajo y la única forma de afrontar los cambios es la flexibilidad para adaptarnos ya que no hay vuelta atrás.

@agamazo

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