Europa, tu sitio está a la cabeza de los mercados

Por el presidente de Minister of Munitions y experto en relaciones con inversores y comunicación empresarial, Ramón Pedrosa López.
Si Adam Smith levantara la cabeza tendría que tomarse un ibuprofeno, ya que se ha encargado la Unión Europea, desde el pasado tres de enero y en forma de directiva – una de nada menos que 7.000 páginas – para ponerle un guante a la mano invisible y de regular lo que parecía imposible de regular: el mercado entero.

Si es usted inversor, no sólo institucional sino de los pequeños, de los que ahorra para poder garantizarse un mejor mañana, tatúese este término porque le hará falta en el futuro: MiFID II. Que así se llama el invento.

Porque si vive en Europa, si invierte en Europa o si participa de los mercados europeos de una u otra manera, la segunda parte de la nueva Directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros (MiFID II) va a cambiar su vida.

MiFID II pretende hacer de los mercados un mundo más transparente para todos y recuperar la destronada idea que tiene el imaginario colectivo de que todo se puede en las finanzas.

Desde ahora, las instituciones deberán comunicar a los reguladores la mayoría de las compras y ventas que hagan, los brokers tendrán que sincronizar sus relojes y sus “time-stamps” y los gestores habrán de mantener un registro de sus conversaciones sobre inversión durante al menos cinco años. Parece un esfuerzo ímprobo. Seguramente lo sea.

Aportar luz a los mercados financieros

Pero nadie duda a estas alturas de que el objetivo de aportar luz a los mercados financieros es un propósito no sólo noble, sino necesario. Todos los mecanismos que se puedan poner en marcha para evitar una crisis como la que ha asolado al mundo desde hace una década son imperativos.

La nueva directiva regulará los mercados, pero también servirá para calmar a la psicología colectiva de las masas a la que se refiere Robert Shiller, premio Nobel de Economía, para volver a poner a la Unión Europea a la cabeza intelectual de los mercados mundiales. Que ya era hora.

Han sido demasiados años de comisiones incomprensibles, conflictos de intereses, “dark pools”. Nos ha quedado bastante claro que, en el fondo, como sociedad somos alérgicos a los productos opacos, como demuestran todos estos últimos meses de palabrería en torno a la tecnología “blockchain” y el auge del bitcoin, y que ya miramos como si se tratara de magia, como que hubieran dicho Las Leyes de Clarke.

Y nos hemos dado cuenta también de la importancia de ofrecer un terreno donde los jugadores estén en igualdad de condiciones. Porque si con algo no se debería jugar es con la capacidad de los inversores y de los ahorradores de tomar decisiones de manera informada, inteligente y clara.

Aunque es paradójico que mientras las firmas de inversión de las principales plazas financieras de Europa agotaban hasta el último segundo para aprovechar la regulación vigente antes de la entrada en vigor de MiFID II, la ESMA, organismo regulador europeo de los mercados, se tomaba vacaciones del 23 de diciembre al 3 de enero y lo anunciaba en su web a bombo y platillo, con una imagen de regalos y arbolitos de Navidad. Así se hacen las cosas en la UE.

La directiva entró en vigor a principios de enero

Parecía decir: “ya se apañarán ustedes”. Ya se leerán, o esperamos que se hayan leído, estudiado, aprendido y preparado para aplicar las 7.000 páginas, aprobadas en 2004 y que entraron en vigor a primeros de enero.

Ahora, la ESMA podrá prohibir o restringir productos financieros cuando sea necesario, al fin quedará claro quién paga a los analistas que recomiendan compras desde el “buy side” y desaparecerán las ventas bajo presión de productos financieros incomprensibles y preferentes varias que puedan ser perjudiciales para inversores menos preparados.

A pesar de que ninguna de las bolsas continentales, ni siquiera Euronext, está entre los cinco primeros mercados por capitalización bursátil del mundo (la capitalización de Nueva York, Londres, Tokio, Shanghai, Shenzhen superan individualmente al índice europeo) la influencia de la UE para definir las reglas del juego a nivel internacional vuelve a ser clave y evidente.

Porque MiFID II aplica también fuera de Europa, y los gestores internacionales que trabajen con clientes dentro la UE o hagan operaciones vinculadas con mercados comunitarios deberán plegarse a las reglas de juego de Bruselas. ¡Tú también, Londres!

Con una de las legislaciones más avanzadas en materia de regulación de mercados del mundo, Europa demuestra volver a ser la receta para la estabilidad y el crecimiento mundial.

Envueltos en su propio ruido, muchos – en Washington, Ciudad de México, Hong Kong o Bombay – harían bien en volver a mirar hacia Bruselas. Aquí es donde se cambia todo. Hoy es cuando cambia todo. ¿No es cierto, Adam Smith?

NOTA: Este artículo forma parte del servicio de firmas de la Agencia EFE al que contribuyen diversas personalidades, cuyos trabajos reflejan exclusivamente las opiniones y puntos de vista de sus autores.

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