e-Renovarse o morir…

Silvia Leal

Blog de Silvia Leal, Doctora en Sociología, experta en innovación y nuevas tecnologías. Asesora de la Comisión Europea para la Agenda Digital (competencias, e-liderazgo y emprendimiento). Colabora con el IE Business School, el Human Age Institute y el Programa Emprende (Canal 24h y la 1). Autora de Ingenio y Pasión & e-Renovarse o morir (LID Editorial).

¿Vértigo digital desde la antigua Grecia?

Lo confieso, yo también tengo vértigo. Con la llegada de la tecnología todo cambia muy rápido y muchas veces dan ganas de mirar hacia otro lado y esperar a que pase el temporal. ¿A vosotros no os pasa? ¡Es normal! Pero no debemos dejarnos arrastrar por ese pensamiento porque, si observamos bien la historia, pronto podremos comprobar que los autómatas (y los robots) llevan ya mucho tiempo formando parte de nuestra cultura.

 

De hecho, para ello, tan solo hace falta echar un vistazo a la mitología griega. Según ésta, Hefesto, dios del fuego y la metalurgia, creó mucha vida artificial. Se le atribuyen, entre otros, la fabricación de más de veinte trípodes, dos sirvientas de oro, Pandora y el gigante Talos.

 

Sus trípodes de metal, mecanismos caminaban solos desde y hacia el Monte Olimpo fueron mencionados, entre muchos otros, en la Iliada, escrita por el célebre Homero en el siglo VIII a.C. Además, fabricó dos autómatas de oro que serían conocidas como las Kourai Khryseai (doncellas doradas). Con el aspecto de mujeres jóvenes, se decía que se movían y hablaban, sorprendiendo con su enorme inteligencia a todo aquel que se topaba con ellas.

 

Sin embargo, a Hefesto se le atribuye también la fabricación de la primera mujer, Pandora, por orden de Zeus. Lo hizo con arcilla, a imagen de las diosas, con la intención de introducir los males en la vida de los hombres, pero esa es otra historia… Por ello, en esta ocasión nos centraremos en la fabricación de Talos (Talón o Talo), un (casi) invulnerable gigante de bronce con tan solo una vena que recorría su cuerpo, desde la cabeza hasta el tobillo donde estaba rematada por un clavo para impedir que se desangrase.

 

Talos estaba encargado de la protección de Creta frente a la llegada de posibles invasores. Por ello, cada día daba tres vueltas completas a la isla y cuando encontraba enemigos se calentaba al rojo vivo, tras lo que les abrazaba hasta alcanzar la calcinación. Tan solo cambió su método en una ocasión, con Jasón (un héroe destronado) y cincuenta marineros (los argonautas) quienes navegaban a bordo del Argo (una galera de guerra) desde Grecia hasta la costa oriental del mar Negro buscando la piel de un carnero de oro (el vellocino).

 

En este caso prefirió impedir el desembarque arrojándoles pedradas, y fue así como llegó su final porque la esposa de Jasón (Medea) consiguió hechizarle, llenando su visión de figuras imaginarias, con lo que consiguió que se desangrase, tras golpearse el talón contra el filo de una roca. Pudieron, así, desembarcar y descansar.

 

Para algunas corrientes de la mitología Talos fue el último hombre de la raza de bronce de la historia, mientras que, para otras, por el contrario, el gigante encarna uno de sus primeros autómatas. No obstante, no fue el primero, porque Jasón y los marineros viajaban acompañados de un sorprendente perro autómata a quien, de hecho, encargaban la vigilancia de la nave durante su ausencia…

 

Y digo yo, ¿todavía hacen falta muchas más pruebas que demuestren que todo esto lleva ya mucho tiempo entre nosotros, y que es ahora cuando simplemente se está “democratizando” para hacernos la vida más fácil? Es hora de dejar de resistirnos, y de empezar a prestar a este tema, en todos los ámbitos, niveles y medios de comunicación, la atención que se merece

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