e-Renovarse o morir…

Silvia Leal

Blog de Silvia Leal, Doctora en Sociología, experta en innovación y nuevas tecnologías. Asesora de la Comisión Europea para la Agenda Digital (competencias, e-liderazgo y emprendimiento). Colabora con el IE Business School, el Human Age Institute y el Programa Emprende (Canal 24h y la 1). Autora de Ingenio y Pasión & e-Renovarse o morir (LID Editorial).

¿Te afecta el valle inquietante?

¿Quieres saber por qué las máquinas demasiado realistas te generan repugnancia? Lo explica la teoría del valle inquietante (o inexplicable).

 

Desarrollada en 1970 por el experto en robótica japonés Masahiro Mori, se basa en una hipótesis de base matemática que muestra la respuesta emocional de un observador (humano) frente a la evolución de la humanidad en el aspecto de una máquina.

 

De acuerdo a la teoría del valle inquietante, cuanto más realista es un robot más nos gusta, hasta que, al llegar a determinado punto, el realismo es tan fuerte que se invierte la tendencia. Es en ese momento cuando nos sentimos invadidos por una profunda sensación de rechazo, algo que podría convertirse de nuevo en una emoción positiva en el caso de máquinas de realismo extremo, indistinguibles de seres de verdad.

 

Han sido muchos los que han tratado de aportar una explicación lógica sobre las bases de este fenómeno. Estos son algunos ejemplos:

 

– El temor a morir: De acuerdo a diversa experimentación reciente, los robots desatan en el subconsciente (individual y colectivo) el temor a la aniquilación y la muerte. Esto quedó claramente reflejado, por ejemplo, en el trabajo del profesor de la Universidad de Indiana Karl McDorman (2005).

 

Los testimonios recopilados por sus entrevistas recogían frases como «hay dolor en su cara y veo tortura», «me recuerda a la muerte» o «siniestro y muerto». Estos mostraban la reacción de un observador ante la imagen de un simple robot de apariencia femenina.

 

– Un riesgo para nuestra identidad: Según esta teoría, avalada igualmente por el trabajo MacDorman (2005), relacionarnos con androides «demasiado humanos» nos lleva a cuestionarnos quienes somos con preguntas como: «Si un androide es como un humano, ¿qué somos realmente? ¿Qué nos define y nos hace especiales? ¿Hay algo?».

 

– La perpetuidad de la especie: Para investigadores como Rhodes y Zebrowitz (2002), la clave se encuentra en un proceso interno de selección natural para evitar que elijamos de parejas de baja fertilidad y garantizar así nuestra continuidad.

 

Soy consciente de que una explicación así puede resultar un tanto absurda, pudiendo, incluso, llegar a parecer ridícula. Me consta que son muchos los que pensarán: ¿pero quién podría llegar a enamorarse de un simple robot? ¿cómo vamos a tener un instinto protector frente a la expansión de las máquinas?

 

Personalmente, después de ver una película como Her, en la que se ilustra esta posibilidad, ya no me atrevo a cuestionar a nadie y espero, de verdad, que tengamos ese instinto, y que sea muy fuerte…

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