DIRSE. Directivos de Responsabilidad Social

La Asociación Española de Directivos de Responsabilidad Social es una asociación profesional nacida en abril de 2013 y constituida por más de 150 socios entre directivos, consultores y académicos. Su objetivo es dignificar la función directiva y el desempeño profesional de los dirse, de manera que incrementen su capacidad de influencia para la creación de valor en las organizaciones.

Prima de confianza

Por Francisco Hevia, director de Responsabilidad Corporativa y Comunicación de Calidad Pascual; vocal de la Junta de DIRSE

 

Francisco Hevia, director de Responsabilidad Corporativa y Comunicación de Calidad Pascual; vocal de la Junta de DIRSE

Francisco Hevia, director de Responsabilidad Corporativa y Comunicación de Calidad Pascual de DIRSE

La crisis se ha llevado por delante buena parte de la sintonía social hacia las instituciones, partidos y empresas. Siempre se había dicho que hacen falta muchos años para ganarse la confianza de alguien, apenas un minuto para perderla y más del doble de tiempo para recuperarla. Las cosas ahora son mucho más exigentes. En adelante, quien pierda la confianza de alguno de grupos de interés probablemente no vuelva a recuperarla en el medio plazo.

 

El Código de Buen Gobierno publicado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores es un buen ejemplo de ese cambio de perspectiva. Entre la versión unificada de 2006 y la renovada de 2015 ha transcurrido una crisis muy severa. Quizá por eso, si cotejamos las dos versiones del código, veremos que el actual redobla y refuerza en cada página el compromiso con la transparencia y la responsabilidad exigibles a las empresas.

 

Además, ese mismo propósito reputacional se ha explicitado normativamente, a través de la ley 31/2014, de modificación de las sociedades de capital para la mejora del gobierno corporativo. El resultado es que somos uno de los países que más y mejor aplica los principios contenidos en el Libro Verde de la Unión Europea sobre gobierno corporativo de las sociedades cotizadas.

 

Los objetivos de todos estos cambios están claros. Igual que la desconfianza hacia un mercado o un país se suele medir a través de la prima de riesgo, el buen gobierno y la responsabilidad corporativa determinan ahora una especie de prima de confianza, tan decisiva como la otra a la hora de inclinar la marcha de una empresa hacia el éxito o el fracaso.

 

Se está avanzando mucho en responsabilidad corporativa. Hay criterios muy estrictos sobre competencias exclusivas de la junta general de accionistas, sistemas de votación de acuerdos, cometidos del consejo de administración y, en general, sobre los principios de transparencia y gestión de cada sociedad.

 

Como corresponde a un Código, sus recomendaciones siempre serán de aplicación voluntaria, si bien la inmensa mayoría de empresas las hemos asumido como una forma esencial e irrenunciable de relacionarnos con nuestros grupos de interés y con el conjunto de la sociedad.

 

De hecho, estoy persuadido de que la propia inercia del buen gobierno hará extensivo ese compromiso también hacia cada aspecto y decisión de negocio, hasta el mínimo detalle. Valores como respeto medioambiental, sostenibilidad, cooperación con la cadena productiva, formación o eficiencia energética son analizados con lupa por clientes y grupos de interés. Estamos ante un cambio integral, donde el empoderamiento de las empresas pasa por un mayor grado de implicación y alineamiento con sus clientes y con el conjunto de la sociedad.

 

No son malas noticias, los dirses lo sabemos bien, porque anuncian un modelo de mercado mucho más dinámico y participativo, y también más responsable y transparente. Está claro que las empresas pueden decidir seguirlo o no, pero quien se limite a mantenerse dentro de la legalidad, sin comprometerse con esos valores, estará renunciando a una significativa prima de confianza, que a la larga terminará por restarle credibilidad y margen de desarrollo.

 

Por seguir con la comparación, si España estuvo al borde del rescate en 2012, cuando la prima de riesgo anduvo por encima de los 600 puntos básicos, en el momento en que el conjunto de empresas hayamos superado ese mismo nivel en prima de confianza, quizá nuestra competitividad y eficiencia definitivamente estén en vanguardia europea.

 

El objetivo es ese. De todas las monedas y divisas virtuales de las que tanto se habla ahora, tengan por seguro que la confianza es la que más va a revalorizarse. Quien ahora invierta en ella, tendrá la rentabilidad, la eficiencia e incluso el futuro más despejados.

 

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