e-Renovarse o morir…

Silvia Leal

Blog de Silvia Leal, Doctora en Sociología, experta en innovación y nuevas tecnologías. Asesora de la Comisión Europea para la Agenda Digital (competencias, e-liderazgo y emprendimiento). Colabora con el IE Business School, el Human Age Institute y el Programa Emprende (Canal 24h y la 1). Autora de Ingenio y Pasión & e-Renovarse o morir (LID Editorial).

Lo que me han enseñado Frankenstein y Pinocho

¿Sabes qué tienen en común Frankenstein, Pinocho y el simpático hombre de hojalata de El maravilloso mago de Oz? Son seres artificiales que marcaron nuestra infancia desde el mundo de la ficción. Sin embargo, ese es tan solo el principio de la huella que han dejado en nuestras vidas.

El negocio y la historia de los robots están muy ligados al viejo deseo de la humanidad de crear seres artificiales a su imagen y semejanza y, como es lógico, muchos de estos anhelos nos han llegado precisamente desde la literatura.

El historiador griego Mestrio Plutarco (46 d. C.-120 d. C.) mencionó en varias de sus obras la presencia de esqueletos automáticos durante los banquetes. Eran los encargados de servir los alimentos para recordar a los comensales la velocidad a la que pasa la vida.

En este momento debo añadir que esta lúgubre costumbre fue mencionada igualmente por otros escritores de la época. Es el caso, por ejemplo, del poeta romano Ovidio (43 a. C.-17 d. C.) en su libro Fastos y el político romano Tito Petronio (14 d. C.-65 d. C.) en el Satiricón.

Las mil y unas noches describe también la sorpresa del príncipe Scharkán al contemplar en un palacio estatuas que cantaban. Asimismo, la obra cuenta que, en cierta ocasión, tres sabios cautivaron al rey con un pavo de oro que batía las alas y una yegua de marfil que «podría» llegar volando a cualquier lugar del mundo.

No se conoce con exactitud el origen de la obra, pero consta que se remonta, como poco, al siglo IX en algún lugar de Oriente Medio, dado que contiene cuentos, entre otros, de la cultura de Irán, Irak, Afganistán, Tajikistán y Uzbekistán.

Llega el momento de mencionar a la famosa escritora británica Mary Shelley y su obra gótica Frankenstein o el moderno Prometeo. Publicada en 1818, consiguió pasar a la historia como el primer texto de la ciencia ficción. No obstante, su contenido se mantiene hoy de plena actualidad, dado que trata temas como la ética científica y la rivalidad del hombre con Dios en su deseo de crear vida.

Los seres artificiales han desempeñado además un rol protagonista en los cuentos que leímos durante nuestra infancia. ¿Quién no recuerda Las aventuras de Pinocho? Geppetto, que anhelaba tener un hijo, vio cumplido su deseo con una marioneta de madera que de repente cobró vida.

Lo que no es tan conocido sobre este relato tan popular es que inicialmente no se concibió como una historia para niños. Por ello, en la primera versión, Pinocho muere colgado de un árbol como castigo a sus travesuras. La obra, escrita por el masón italiano Carlo Collodi y publicada en 1883, era, en esencia, la metáfora de una práctica esotérica alquimista que promulgaba la necesidad de luchar contra las tentaciones para alcanzar la iluminación interior.

Para terminar, dedicaré unas líneas a El maravilloso mago de Oz, publicado en 1900 y escrito por L. Frank Baum. La obra, que llegó a convertirse en el libro infantil más vendido durante los años posteriores a su lanzamiento, debe gran parte de su éxito al hombre de hojalata que tanto deseaba tener un corazón.

Estas obras, cargadas de imaginación, han servido como fuente de inspiración para el desarrollo posterior de importantes avances tecnológicos y científicos. Por todo ello, cuando, estas fiestas, un niño te pida que le leas un cuento como Frankenstein, Pinocho y/o El maravilloso mago de Oz, no te niegues y presta mucha atención, esa puede ser tu mejor fuente de inspiración.

EFE Directo: #MWC17

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