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Miguel Ángel Mondelo

Blog de Miguel Ángel Mondelo, exdirector del departamento de Economía de Efe, redactor jefe de Efeempresas, Efeemprende y EFEmotor y colaborador de EfeAnálisis y del programa de RNE "No es un día cualquiera". Convencido de que la economía mueve el mundo y de que hace falta mucha pedagogía para contarlo.

La inflación, un riesgo para la competitividad

El Índice de Precios de Consumo (IPC) de enero ha vuelto a poner sobre la mesa un viejo desequilibrio de la economía española, el diferencial de inflación respecto a los países de nuestro entorno, un problema que, de mantenerse, reducirá la competitividad de nuestros productos y servicios.

 

Los precios subieron un 3 % en enero en términos interanuales, un salto de 1,4 puntos porcentuales respecto a diciembre que sitúa la inflación en un nivel que no se veía desde octubre de 2012. La principal causa ha sido el encarecimiento de la energía, en concreto del petróleo y sus derivados y de la energía eléctrica. Desde que en diciembre los países exportadores de crudo se pusieron de acuerdo para limitar la producción, los precios del petróleo han mantenido una senda alcista.

 

Además, la ola de frío -que ha elevado la demanda- y la escasez de lluvia y viento -que ha limitado la generación hidroeléctrica y eólica, las tecnologías más baratas- han disparado el precio de la electricidad en el mercado mayorista durante el mes de enero, lo que se ha trasladado en parte al recibo de la luz. Prueba del impacto que el petróleo y la electricidad tienen en el IPC es que la inflación subyacente -que excluye la energía y los alimentos no elaborados- está en torno al 1 %.

La inflación reduce el poder adquisitivo de los consumidores y provoca la pérdida de competitividad de la economía.

La inflación tiene numerosos efectos negativos (también alguno positivo). En primer lugar, reduce el poder adquisitivo de los consumidores, salvo que los salarios y otras rentas suban en la misma o mayor medida. Especialmente preocupante es la situación de los pensionistas, ya que sus pagas han dejado de actualizarse de acuerdo con la inflación.

 

Ahora se tiene en cuenta también el estado de salud del sistema, que no pasa por su mejor momento. Presumiblemente, las pensiones subirán en los próximos años un 0,25 %  anual, así que cualquier incremento de precios superior a ese porcentaje supondrá una pérdida de poder adquisitivo. Una menor capacidad de compra pasará factura al consumo, el principal motor del crecimiento económico en España.

 

El otro gran problema de la inflación es la pérdida de competitividad si los precios crecen más que en otros países. La inflación subió en enero un 1,8 % en la zona del euro, 1,2 puntos porcentuales menos que en España. Este diferencial es el mayor desde julio de 2008. Se trata de un problema recurrente en la economía española que se agravó con la entrada en el euro. Antes, estas pérdidas continuas de competitividad se corregían a través de la devaluación de la peseta.

 

Con la moneda única, esa opción ya no existe y sólo queda la dolorosa devaluación interna, que hemos podido experimentar durante la última crisis. Gracias a esa contención de costes y a la moderación de los precios del crudo, la inflación española se mantuvo por debajo de la media de la zona del euro desde mediados de 2013 hasta el pasado mes de diciembre, cuando reapareció el problema. ¿A qué se debe este diferencial de inflación?

“España apenas extrae crudo o gas y el carbón nacional es poco competitivo, por lo que la mayor parte de los recursos energéticos se importan”

Básicamente, a nuestra mayor dependencia energética exterior, que nos hace más vulnerables a las subidas del petróleo. De hecho, la inflación subyacente está en línea con la europea. España apenas extrae crudo o gas y el carbón nacional es poco competitivo, por lo que la mayor parte de los recursos energéticos se importan.

 

Además, la economía española tampoco es especialmente eficiente. La intensidad energética -la energía consumida por cada unidad de producto- está por encima de la de otros países desarrollados. La buena noticia es que, según todos los pronósticos, la inflación se moderará si el petróleo se estabiliza y terminará el año en torno al 1,5 %.

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