Economía y Derecho en tiempos revueltos

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Análisis y razonamientos de economistas, abogados y expertos sectoriales sobre asuntos que afectan al mundo empresarial en un escenario alterado por la crisis

Empleo y paro: regreso al futuro

Por Ángel Díaz Chao, doctor en Economía por la Universidad Complutense, es director general de la Fundación SEPI.

Logo de la Fundación SEPI

 

Desde el inicio de la actual recuperación económica uno de los debates que ha permanecido ante los distintos datos positivos que hemos ido conociendo es cuando se trasladaría la recuperación que se ha venido observando a nivel macroeconómico (en las grandes cifras) a los niveles micro (familias, trabajadores, a la gente de la calle).

 

En economía hay una triple igualdad que nos ayuda a los economistas a evaluar qué, cómo y cuándo están pasando los acontecimientos desde el punto de vista de la contabilidad nacional. Es decir, en la explicación del PIB.

 

Bajo esta triple perspectiva, una primera opción cuando hay, como es el caso, crecimiento económico, radica en analizar, desde el lado de la oferta, qué sectores son los que han generado dicho crecimiento. Una segunda opción nos permite aproximar las razones del comportamiento económico desde el lado de la demanda. Esto es, que papel ha jugado la demanda interna (lo consumido dentro de nuestro país) o la demanda externa (exportaciones menos importaciones).

 

Profundizando en esta línea, dentro de la demanda interna, observamos el papel de la inversión, del consumo privado y del consumo público. Así, por ejemplo, un cambio de tendencia basado en un fuerte crecimiento de la inversión supone una base más sólida que aquella basada en el consumo de las familias.

 

En tercer lugar, y habitualmente muy olvidado, el análisis se puede realizar desde la óptica de las rentas. Es decir, quién ha recibido el valor estimado de ese crecimiento. Básicamente, sueldos y salarios (trabajadores) y excedente bruto de explotación (los excedentes de las empresas). Esta última aproximación, es muy útil porque nos permite detectar en qué medida las familias están recogiendo una parte de ese crecimiento al que aludimos.

 

Su relación con el comportamiento del mercado de trabajo es, como se pueden imaginar, directo. Cuanto mayor sea el crecimiento del empleo y la reducción del desempleo, tanto mayor será después el crecimiento de las rentas del trabajo que, como acabo de explicar, se traducirá en un incremento del PIB.

 

El pasado 23 de octubre conocimos los datos de comportamiento del mercado de trabajo en el tercer trimestre de este año. Sus cifras nos permiten avanzar el comportamiento de la economía en ese período. Permítanme reflexionar sobre estas cifras y buscar las razones del comportamiento de este mercado en los últimos años.

 

Durante los meses de julio a septiembre, el empleo aumentó en algo más de 150.000 trabajadores. El desempleo disminuyó en prácticamente 200.000 personas. Como consecuencia, la tasa de paro se redujo hasta el 23,7% de la población activa.

 

Estas cifras suponen un descenso de la tasa de paro de más de tres puntos desde el máximo del 27% registrado en el primer trimestre de 2013, fruto de un descenso del número de desempleados de 619.600 personas y una creación de empleo de 343.400 puestos de trabajo. Como supongo acordarán conmigo, los resultados son razonablemente buenos. Pero, no nos engañemos, el número de parados es tan elevado (más de 5 millones) que se hace difícil aplaudir cualquier dato, por muy positivo que parezca.

 

Permítanme ir más allá de los meros datos y analicemos las razones de fondo por las que ahora tenemos crecimiento del empleo y destrucción del desempleo ¿Por qué no ha crecido con anterioridad? ¿Es simplemente una cuestión de ciclo económico y por tanto sólo queda sentarse a esperar? Como imaginarán, la respuesta a esta última pregunta es clara y rotunda: no. Cuando sucede algo así, se debe exclusivamente a problemas que impiden a la economía crecer y crear empleo de una forma sana y adecuada. Y cuando hay un problema, hay que buscar soluciones al mismo.

 

El tiempo no soluciona los problemas por sí sólo. Los pudre. Un buen ejemplo de ello, lo tenemos muy al alcance de la mano. Según estimaciones del servicio de estudios BBVA, dirigido por el prestigioso economista Rafael Domènech, si la última reforma laboral se hubiese llevado a cabo al inicio de la crisis, nos habríamos ahorrado un millón de despidos. Aunque, la verdad, lamentablemente, si lo hubiésemos implementado de esa forma, ahora estaríamos diciendo que aún tenemos 4.4 millones de desempleados y que no hemos tomado las medidas necesarias.

 

Dejando a un lado las lamentaciones, las reformas implementadas en los últimos años son absolutamente necesarias para cambiar el rumbo de la economía y del mercado de trabajo. Las cifras del tercer trimestre son el fruto del esfuerzo realizado por todos. Un ejemplo, en los datos que hemos conocido, del fruto de estas medidas es el importante incremento del número de asalariados contratados por autónomos (cerca de 50.000 personas). Algo que está directamente relacionado con las medidas de incentivo a la contratación por parte de este colectivo.

 

En cualquier caso, lo realmente cierto es que la tasa de paro es muy elevada, y parte de la reducción del desempleo (aproximadamente el 25%) se debe a la salida del país de inmigrantes que antes formaban parte de la población activa. Queda mucho trabajo, y se necesita continuar reformando para poder regresar a los niveles de bienestar anteriores a la crisis.

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EFE Directo: #MWC17

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