Instituto de Estudios Bursátiles IEB

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Banca española: entre comisiones y créditos

Por Ramón Casilda Béjar, profesor del IEB

 

Cuando el consejero delegado de Bankia presentó los resultados del primer trimestre de 2016, argumentaba: “Nos pongamos como nos pongamos, cobrar por comisiones que no ofrecen ningún servicio no tiene ningún futuro y creo que es una mala estrategia”. De estos cobros, que en su opinión irritan a los clientes, puso como ejemplos, las comisiones por administración de cuentas o por apuntes, como servicios que no aportan valor, ni tienen sentido desde el punto de vista del compromiso con la sociedad y la imagen del sector financiero. Aunque esto no se entiende muy bien, pues Bankia, cobra  una comisión mensual por la administración de cuenta y por servicio, si no se cumplen ciertos requisitos, y de manera más amplia lo aplica a  las cuentas de valores, que parecen ser el nuevo mana de las comisiones bancarias.

 

Más recientemente, tras el cambio de las condiciones por parte del Santander en la cuenta 1,2,3, aseguró durante su participación en el XII encuentro de banca del IESE: “Es un error estratégico pensar que se pueden solventar los problemas de rentabilidad de la banca subiendo las comisiones indiscriminadas a los clientes”. Su propuesta pasa por subir el precio del crédito como una vía mejor para mejorar la rentabilidad. Nos engañaríamos si vamos a un modelo más basado en comisiones porque, en vez de ganarnos la confianza de los clientes, nos ganaríamos su rechazo a medio plazo”.

 

En España el aumento por ingresos de comisiones proviene, en cierta manera, de las crisis financieras de principios de 1980 y de la desregulación financiera de finales de 1990, que dio lugar a una creciente competitividad del sector, que se encontraba en un proceso de maduración de los principales márgenes. Un informe reciente del BCE indicaba, que los bancos que cobran más comisiones en Europa, no estaba muy claro que les proporcionen una mayor estabilidad financiera, pues solo suponen el 26% de los ingresos como media.

 

No cabe duda que las estrategias del sector bancario, se seguirán tensando  en consonancia con el entorno económico y operativo de los próximos años. Mientras tanto, habrá que lidiar con la nueva regulación y la gestión de riesgos en un contexto de bajos tipos de interés (con perspectiva de subir), y todo ello enfrentando la competencia de las fintech, que recuerdan los vendavales innovadores shumpeterianos.

 

Así que el negocio, requiere buscar nuevas fuentes de generación de ingresos, que por el momento no surgen y por tanto, se utilizan las fuentes tradicionales señalas, subir el precio del crédito y aumentar  las comisiones. Pero cuánto se puede subir el precio del crédito. Cuál será su punto de equilibrio para no frenar el crecimiento de la economía española, cuya financiación básicamente procede del crédito bancario y en consecuencia, determina la viabilidad de los proyectos y de la creación de empleo. Al respecto, Antonio Garamendi, presidente de Cepyme, indica que en Europa, “las empresas españolas siguen siendo las que mayor coste de financiación deben soportar”.

 

La otra fuente, las comisiones, también tienen su punto de equilibrio. Un ejemplo, se encuentra en lo sucedido con la cuenta del Santander 1,2,3, que ha tenido que ser modificada, una vez  comprobado que podría convertirse en uno de los principales problemas del banco, debido a que las condiciones ventajosas para atraer clientela hacen disminuir los ingresos netos por comisiones, las cuales desde el primer trimestre del 2016 comenzaron a descender, previéndose que de continuar la tendencia sería un problema estructural que además,  perjudicaría la  fidelización de los clientes.

 

En este sentido, el mismo presidente de la AEB, José María Roldán, aseguro en el mismo encuentro bancario del IESE,  “que los bancos deben buscar una relación a largo plazo con los clientes y estar alineados con sus intereses, y para establecer esa relación no les puedes pegar puñaladas traperas”.  Puñaladas traperas necesarias, cuando la rentabilidad presiona y los beneficios decaen. Pero aquí y ahora, estas puñaladas son menos recomendables. Las nuevas realidades las penalizan, por encontrase fuera del perímetro competitivo actual.

 

Al respecto Irene Garrido; secretaria de Estado de Economía afirmo  (19-12-2016): “que los bancos que cobren comisiones por encima de la media del mercado van a tener más problemas, siendo  el problema central del sector bancario la lucha por la rentabilidad”. Considera que hay muchísimas maneras de encontrar esa rentabilidad que tienen que recuperar para subsistir. Cito como posibles, la creación de valor, las reestructuraciones o las fusiones. Si  esto es un aviso para navegantes, se sabrá pronto, pues la a“rentabilidad” marca el camino.

 

Por tanto, ahora más que nunca, la banca debe prestar más atención a su “estrategia de precios”. Una estrategia de precios bien diseñada, resulta clave para conseguir fidelizar a los clientes y aumentar la cuota de mercado. Fijar con precisión los nuevos precios resulta de vital importancia. Acertar con el precio en función del nivel de satisfacción, seguridad y calidad de servicio al cliente, será determinante para establecer una sólida estrategia competitiva.

 

Los precios son los transmisores de una gran cantidad de información económica dispersa, por lo tanto, intentar manipular el mercado conlleva un problema de falta o de mala información. Un uso eficiente de los recursos, sólo se conseguirá a través del mecanismo de precios y éste, independientemente de la transformación del negocio bancario, representa hoy por hoy el talón de Aquiles de algunos bancos españoles. Establecer una estrategia vía precios significa diferenciarse, y en ello están gran parte de las ventajas competitivas.

 

Es el momento para que la banca española  le dedique más atención al diseño y  la gestión de los precios, dada su indudable importancia para la cuenta de resultados, como también, para la imagen, la marca y la reputación de las entidades, cosas bastantes serias que se deben preservar por el bien del negocio.

 

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